Una luna de miel
A final de cuentas, te mientes.
Te mientes a ti mismo viviendo una mentira. Que no es lo que aparenta, que no es así como te lo dicen. Que debemos confiar en que todo acabara para bien. Al final, si te preocupa lo que piensen los demás de ti. Porque sabes que cometiste tal vez y si no, el mayor de tus errores.
Hay veces que estamos tan enfocados en probar nuestros puntos de vista que carecemos de una vista panorámica y al futuro. Obviamos aquello que podría presentarse como una complejidad solo por demostrar que tan acertados e independientes somos.
Tan llenos de nosotros mismos y sin necesidad de troncharnos la vida por demostrarle al mundo que tan felices somos sin depender de nadie mas.
Tan independientes y tan carentes al mismo tiempo.
Todos los días queriendo rendir cuentas a personas que no lo merecen y que no les importa en realidad tu realidad. Esa realidad, que ocultas y nadie sabe como en realidad te sientes ni que luchas llevas.
Porque al final, te sientes como nadie.
Pero te niegas a aceptar que quizás, solo quizás añoras esa realidad que tu mismo creaste como pantalla emocional y conceptual hacia los demás; porque al final de cuenta lo único que quieres es ser feliz.
Comentarios
Publicar un comentario